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Posted by Ashley Maher on Thursday, February 23, 2017

Un inmigrante mexicano es grabado en un video viviendo lo que viven muchos inmigrantes diario.

En el imaginario social existe una cantidad innumerable de estigmas y preconceptos que determinan nuestra forma de pensar y de actuar, mucho más de lo que nosotros mismos queremos y creemos.

Esto ha sido así a lo largo de la historia, y si bien algunos de estos prejuicios han ido quedando replegados, otros tantos resurgen, cobran fuerza y conviven junto a nosotros día a día.

De esta forma, la brecha, a veces imaginaria y a veces tristemente palpable, entre blancos y negros, heterosexuales y homosexuales, judíos y musulmanes, “criollos” y extranjeros se mezcla en la cotidianidad de los ciudadanos, dando como resultado un peligroso mix que incluye miedo, aversión, odio e intolerancia.

Hace algunos meses se viralizó en las redes sociales un video en donde un ciudadano estadounidense defendía a un inmigrante mexicano que entraba a un restaurante y era execrado por algunos de los clientes.

Un video viralizado hace poco, que muestra a un estadounidense defendiendo de un ataque a un inmigrante mexicano, pone en evidencia también el daño que pueden ocasionar los prejuicios a la vida de los migrantes acting” son sufridas en la vida real por cientos de miles de inmigrantes mexicanos y de otras nacionalidades dentro de los Estados Unidos, sin importar su situación legal, económica o laboral.

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Por fortuna, este experimento en el que todos los participantes eran actores, con excepción del ciudadano que reaccionó ante el injusto hecho, también demostró que no todos tienen el mismo preconcepto acerca de los inmigrantes. Mientras queden atisbos de sentido común en las personas, no todo está perdido.

La principal responsabilidad de que esta discriminación hacia el inmigrante cese, es del Estado y sus políticas gubernamentales, que les permitan a los inmigrantes estabilidad legal y la posibilidad de afianzarse y aportar un grano de arena al desarrollo económico y cultural de la nación.

Pero más allá de esta imperiosa necesidad de apoyo y tolerancia estatal, es mucho más apremiante la comprensión y aceptación del inmigrante por parte de la sociedad; y esto sólo es posible con educación. La educación en la diversidad de la que tanto se habla en las escuelas para enfrentar el bullying, incluye también a los discriminados por ser inmigrantes.

Pero nada podrá lograrse en las escuelas si en los hogares los niños se enfrentarán a padres prejuiciosos que, velada o abiertamente, les inculquen a sus hijos los mismos estigmas sociales con los que han crecido y que seguramente también adquirieron de sus padres.

No es una tarea sencilla; no es fácil identificar, admitir y mucho menos cambiar preconceptos que están profundamente arraigados. Es un trabajo arduo y largo, y el tiempo no parece estar a favor del inmigrante. Sólo con el trabajo conjunto del Estado, la escuela, la familia y los medios de comunicación, será posible salvar el gran escollo de los prejuicios.

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